Desde 2021, decenas de niños y adolescentes de Madre de Dios participan en el Club de Mini Guardaparques, una iniciativa de educación ambiental desarrollada por la Asociación para la Investigación y Desarrollo Integral (AIDER), en coordinación con la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja Sonene. El programa busca fortalecer el vínculo de las nuevas generaciones con la naturaleza mediante actividades prácticas que fomentan el conocimiento y la conservación de los ecosistemas amazónicos.
Actualmente, el proyecto se desarrolla en el puesto de control Jorge Chávez y en la comunidad nativa de Palma Real, ubicados en la zona de amortiguamiento de ambas áreas naturales protegidas. En total, participan 77 niños y adolescentes: 32 en Jorge Chávez y 45 en Palma Real.
Lis Patricia Cántaro Cóndor, directora de AIDER, explica que el Club de Mini Guardaparques forma parte de las acciones de educación ambiental que la organización desarrolla en articulación con las áreas naturales protegidas.
“A través del club buscamos generar un vínculo directo entre los niños, los jóvenes y la conservación, para que exista una relación permanente con la naturaleza”, señala Cántaro Cóndor a Radio Madre de Dios.
La iniciativa se enmarca en el trabajo que AIDER desarrolla desde 2008 en Madre de Dios mediante un contrato de administración de la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja Sonene. Además de acciones de monitoreo biológico e investigación, la organización impulsa proyectos productivos sostenibles, turismo comunal, fortalecimiento del control y vigilancia, educación ambiental y mecanismos de conservación financiados mediante el proyecto RED+.
Aprender haciendo para conservar la Amazonía
El programa apuesta por un modelo de aprendizaje vivencial. Durante las actividades, los participantes reemplazan el uso de dispositivos electrónicos por herramientas de observación de la naturaleza, como binoculares, cámaras trampa y lupas, además de realizar recorridos por el bosque.
"Lo que se busca es cambiar el celular por un binocular, por una cámara trampa, por lupas o por recorridos en los bosques. Así los niños descubren su entorno natural y fortalecen su conexión con la biodiversidad", explicó la directora.
La organización considera que este contacto directo con el ambiente genera aprendizajes más significativos que las actividades exclusivamente teóricas y contribuye a despertar el interés por la conservación desde edades tempranas.
Nekey, de 7 años e integrante del Club de Mini Guardaparques desde 2025, cuenta que una de las cosas que más disfruta es participar en las actividades junto a sus compañeros y su profesora, Consuelo Flores.
“Me gusta ir con mis compañeros y con mi profesora Consuelo para aprender más sobre cómo cuidar el bosque, porque aquí viven los animales. Si se quedan sin hogar, van a estar tristes y sufriendo”, comenta Nekey.
Su testimonio muestra cómo los aprendizajes ambientales son comprendidos desde la mirada de los propios niños, quienes empiezan a relacionar la conservación del bosque con la protección de los animales que dependen de él para vivir.
Resultados que involucran a las familias
Uno de los principales resultados observados por AIDER es el creciente compromiso de las familias con las actividades del club. La directora destacó que padres y madres participan cada vez con mayor frecuencia en las jornadas organizadas junto a sus hijos.
"Es gratificante ver la respuesta de los papás y la confianza que depositan en nosotros. Muchas veces son los niños quienes terminan recordándonos qué cosas debemos hacer para cuidar nuestro entorno", afirmó para Radio Madre de Dios.
Asimismo, señaló que las acciones desarrolladas por los participantes generan cambios en los hogares, como la implementación de prácticas ambientales relacionadas con el manejo de residuos y el compostaje.
Financiamiento y desafíos para ampliar el programa
Aunque existe interés en replicar el modelo en otras comunidades, la organización reconoce que la principal limitación es el financiamiento. Actualmente, las actividades son sostenidas por el proyecto RED+ , cuyos recursos permiten cubrir la logística y el acompañamiento que requiere el trabajo con niños y adolescentes.
La directora explicó que la ampliación del programa dependerá de la incorporación de nuevos aliados y de asegurar recursos suficientes para garantizar la continuidad de las actividades.
"No queremos generar expectativas que después no podamos cumplir. Si se amplía, debe hacerse con el compromiso de mantener el trabajo en el tiempo", sostuvo.
Además de los participantes infantiles, el programa cuenta con el apoyo de voluntarios, muchos de ellos ex mini guardaparques que, al llegar a la adolescencia, continúan colaborando en las actividades. También participan estudiantes vinculados a carreras relacionadas con el ecoturismo y la educación ambiental.
