jueves 17/6/21

Estudio en pozas abandonadas por la minería demuestra que la recuperación es posible en Madre de Dios

La investigación ‘Nuevos humedales en la Pampa minera de Madre de Dios: Diagnóstico ambiental y propuesta de uso’ aporta evidencias sobre el comportamiento de la fauna y flora en áreas deforestadas a fin de afinar los planes de manejo y políticas enfocadas a la recuperación de este sector de la Amazonía
Pesca con malla agallera en poza minera abandonada en La Pampa de Madre de Dios.
Pesca con malla agallera en poza minera abandonada en La Pampa de Madre de Dios.

Las imágenes satelitales y aéreas que suceden a años de extracción informal de oro aluvial en la Amazonía de Madre de Dios han dado la vuelta al mundo, pero, ¿qué ocurre cuando se observa con los pies en la tierra? ¿qué paisaje se observa cinco, diez o quince años después del fin de actividad minera en un sector determinado? Estudiar cómo evolucionan los ecosistemas en aquellas zonas que durante años fueron objeto de esta actividad ha centrado una de las últimas investigaciones del programa de Hidrobiología del Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA), con sede en Puerto Maldonado. Y es que, a nivel paisajístico, la minería ha provocado un cambio evidente: lo que antes era bosque primario es, en la actualidad, un sistema de humedales con diferentes grados de conexión entre sí.

El trabajo de campo, que se realizó entre septiembre de 2019 y febrero de 2021, se centró en recoger muestras de agua y vida animal y vegetal en 32 puntos de la región. De ellos, nueve se corresponden con lagos vírgenes, 16 con pozas trabajadas por la minería mediante bombas de succión y siete con pozas donde se utilizaba maquinaria pesada para la extracción del oro. Incorporar entre los muestreos lagos de referencia ha permitido la comparación de los parámetros fruto de análisis. ¿El objetivo? Validar una metodología que permita saber qué cantidad y variedad de especies (peces, algas y microinvertebrados acuáticos como insectos o larvas) se pueden encontrar en base a indicadores como la altitud, la cercanía a una fuente de agua, el tipo de trabajo minero que se ha realizado en ese sector anteriormente, etc. Pero, además, el fin último es ofrecer información que ayude al Estado a zonificar y hacer propuestas de uso sostenible para la recuperación de las zonas deforestadas.

“Las pozas abandonadas por la minería se incorporan en un sistema de humedales, un rosario de lagunas más o menos conectadas entre sí, pero las características de estos difieren en base a, por ejemplo, qué tipo de minería se realizó ahí. El paisaje dejado por la minería de bombas de succión no es el mismo que el originado por la maquinaria pesada, y esto condiciona a las comunidades que van a colonizar estos ecosistemas. Esta última la encontramos por ejemplo en la parte alta de Madre de Dios, próximo al piedemonte o ingresando ya a la región Cusco”, comenta el biólogo Julio Araujo, coordinador del programa de Hidrobiología de CINCIA, “otro parámetro que influye son las inundaciones estacionales o cercanía a una corriente de agua y, si esta es un río grande como el Madre de Dios o uno más pequeño, como el Malinowsky”.

Pesca con malla agallera en poza minera abandonada en La Pampa de Madre de Dios.Detalle de capturas pesqueras en una poza minera en el distrito de Laberinto, en el río Madre de Dios. En la foto lisa, huasaco, carachama, yahuarachi, bocachico, denton y piraña.

Lejos de encontrar datos desalentadores, la conclusión general es esperanzadora. Estas pozas, con el paso de los años, logran ciertos niveles de recuperación. Es decir, no son áreas muertas, ahí dentro además existe recurso pesquero y, de hecho, en muchos casos la población local viene pescándolo y consumiéndolo. “Hemos encontrado mayor cantidad y variedad de peces en aquellas pozas que son alcanzadas, en época de creciente, por los grandes ríos”, explica Araujo, “también se ha detectado una notable capacidad de colonización, a veces incluso cercana a la que se observa en ambientes naturales”.

El biólogo aclara también que, aunque estos datos conducen a la esperanza, estas pozas que se reconvierten en humedales no logran sustituir a los ecosistemas naturales que, habitualmente, albergan mayor diversidad de especies. Esto significa que, si bien la naturaleza tiene por sí misma cierta capacidad de recuperación, esta no logra reponerse al cien por cien del daño causado, pero sí que, con esta nueva información, se podrá facilitar una mejor toma de decisiones al momento de implementar políticas medioambientales sobre las zonas transformadas por la minería.

“Esto nos conduce a un siguiente paso: poder predecir o anticipar, en base al comportamiento que hemos visto en los puntos de muestreo, qué panorama se encontrará en otros lugares de similares características”, concluye Araujo, “hasta ahora se estaban planificando e implementando políticas de recuperación sobre unos lugares de los que no existía información, lo que aportamos nosotros es precisamente eso, información para que se tomen mejores decisiones a futuro”.

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