Entre la luz y la sombra: Los migrantes que sobreviven en medio de la pandemia

Foto: Paolo Peña.
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La economía del 90% de los venezolanos en Perú se sostiene en el trabajo informal, pero debido al confinamiento por el Covid-19, muchos han perdido su empleo y fueron desalojados por no tener recursos para pagar sus alquileres. 

Angie Cruz y Jesús Añez son una pareja que no supera los 30 años. Producto de su relación, tienen un niño de dos años. Actualmente, viven en un cuarto alquilado en la avenida Circunvalación, en la ciudad de Puerto Maldonado. Este reducido espacio les sirve como dormitorio, sala y cocina.

Su almuerzo habitual desde que el coronavirus llegó al Perú son tallarines con ketchup. “El pequeño me pide fruta. Le he dicho que afuera hay un virus y que cuando lo capturen podremos comprar más cosas, pero no entiende. Se desespera”, dice la madre de 21 años.

En su natal Maracaibo, Venezuela, la crisis económica los obligó a migrar: perdieron sus empleos y lo poco que tenían ahorrado se empezó a devaluar con la inflación. Tenían una casa propia con tres habitaciones, muebles y servicios básicos, pero el dinero solo les alcanzaba para comer dos veces al día. En febrero del 2018 optaron por irse del país.

Ahora, Angie levanta a su niño tarde para que no pida comida, porque solo puede servirle dos raciones al día. En el grupo de WhatsApp que tiene con otros compatriotas hay varios que la pasan peor. Cuenta que en el edificio donde vive hay una pareja con un bebé de 11 meses que solo almuerza y luego se llena con agua.


Dato: 

De acuerdo con ACNUR, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, el 90% de los 830 mil venezolanos que llegaron a Perú trabaja en el sector informal, sin seguro médico ni protección laboral. Sus economías se basan en el ingreso diario, el mismo que perdieron durante el estado de emergencia.

Desde entonces, unas 50 mil familias migrantes sobreviven con subsidios económicos gestionados por entidades como OIM, Acnur, Save The Children, World Vision, Care, el Programa Mundial de Alimentos, entre otros. El resto ha creado grupos de WhatsApp para comercializar productos o hacer intercambios de enseres y comida, exponiéndose durante el confinamiento. La mayoría apela a la caridad.

Hay quienes, viéndose ya en la calle, decidieron emprender el regreso a Venezuela a pie. 
“Muchos están siendo desalojados de sus habitaciones, con niños o familias numerosas. Por eso se van así, con todo el riesgo que hay en la carretera, bien sea frío, robos, falta de alimentos, dormir a la intemperie y hasta la muerte”, nos dice Rosario, una madre venezolana a quien le ofrecieron unirse a uno de los grupos que emprendió el viaje. Ella lo rechazó por tener una bebé.